Sirica se presenta con un bello color rubí (es probable que el mismo nombre de la variedad proceda de «syricum», un tinte rojo muy común en la época romana) y emana generosas notas de mora, mirto, regaliz y pimienta negra, en un bouquet límpido del que cada matiz emerge con una sorprendente vitalidad. La naturaleza agreste de esta variedad es domesticada en bodega mediante una crianza en barricas de roble francés que hacen de Sirica un trago placentero para todo tipo de paladares. Un vino fresco, suave, bien equilibrado y con unos característicos taninos aterciopelados.
Maridaje: Pastas con salsa boloñesa, arista con salsa di prugne